
La negociación con Irán sobre servicios y costos en el estrecho vuelve a poner bajo presión uno de los principios más sensibles del comercio global: el libre tránsito por rutas marítimas estratégicas.
Durante meses, la única certeza en el Estrecho de Ormuz fue la incertidumbre. Ahora, mientras el tránsito intenta recuperarse tras la crisis, Omán e Irán abrieron una discusión que puede tener consecuencias mucho más amplias que la seguridad de esta ruta. La declaración conjunta confirmó la formación de un grupo de trabajo para discutir la futura administración del estrecho, en un contexto en que Irán ya había creado la Persian Gulf Strait Authority para formalizar su jurisdicción regulatoria sobre Ormuz.
La precisión es clave. Omán no ha establecido un nuevo peaje para los buques que cruzan Ormuz y, de hecho, declaró que el corredor temporal creado con apoyo de la Organización Marítima Internacional opera sin tarifas de tránsito. Sin embargo, la negociación sobre servicios marítimos y costos asociados ya comenzó, y su resultado podría definir no solo la reapertura del estrecho, sino también el estándar que otros cuellos de botella marítimos intentarán seguir, indicaron desde Servicontainers.
Servicios marítimos versus cobro por cruzar
La diferencia parece técnica, pero es determinante. Un pago exigido solo por atravesar Ormuz sería interpretado como un peaje sobre una vía de navegación internacional. En cambio, la fórmula que Omán intenta instalar apunta a cobros por servicios concretos, como asistencia a la navegación, información de seguridad, señalización, salvamento, respuesta ante emergencias o medidas de protección frente a minas y otros riesgos.
La discusión busca sostener un equilibrio delicado. Omán e Irán quieren preservar sus derechos soberanos como Estados ribereños, pero al mismo tiempo deben responder a la presión de armadores, aseguradoras, gobiernos y dueños de carga que requieren una ruta abierta, predecible y compatible con las normas internacionales de navegación, apuntaron desde Servicontainers.
Un estrecho internacional no funciona como Panamá o Suez
Ormuz no es un canal artificial administrado por una sola autoridad. A diferencia del Canal de Panamá o el Canal de Suez, cuyas crisis tienen efectos acotados a la infraestructura administrada por una entidad soberana, Ormuz es un estrecho de navegación internacional donde el derecho de paso en tránsito protege a los buques que cruzan entre zonas de alta mar o zonas económicas exclusivas.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar permite a los Estados costeros establecer reglas vinculadas a la seguridad de la navegación, la gestión del tráfico y la prevención de contaminación. Pero esas normas no pueden discriminar ni tener el efecto práctico de impedir, dificultar o deteriorar el tránsito internacional.
El precedente preocupa más allá del Golfo Pérsico
Por eso, la discusión sobre «costos asociados» será observada con especial atención. Un servicio voluntario, transparente y relacionado con una prestación identificable puede ser defendible. Pero si una tarifa se convierte en requisito obligatorio para cruzar el estrecho, el límite entre servicio y peaje puede desaparecer rápidamente.
La preocupación de la industria no se limita a Ormuz. Si un cobro obligatorio fuera aceptado en una de las rutas energéticas más relevantes del mundo, otros Estados con influencia sobre estrechos estratégicos podrían intentar aplicar mecanismos similares en el futuro. La crisis de Ormuz podría abrir una discusión global sobre cuánto control pueden ejercer los países ribereños sobre rutas esenciales para el comercio marítimo y hasta dónde puede llegar el financiamiento de su seguridad sin afectar la libertad de navegación, agregaron desde Servicontainers.
Por ahora, Omán intenta presentarse como un puente entre las exigencias de Irán y las reglas del comercio internacional. La promesa oficial es mantener un tránsito libre de tarifas mientras opere el corredor temporal. Pero la negociación sobre servicios y costos ya comenzó, y su resultado podría definir no solo la reapertura de Ormuz, sino también el estándar que otros cuellos de botella marítimos intentarán seguir.





