
Tras un 2025 de tarifas, desvíos y reconfiguración silenciosa, el sistema comercial mundial entra en una fase más incierta —y potencialmente más volátil
El comercio global cierra 2025 con un balance engañoso. A primera vista, el sistema resistió. Pero bajo la superficie, las corrientes del comercio mundial ya cambiaron de dirección. Tras un año marcado por la ofensiva arancelaria del presidente Donald Trump, la pregunta que domina a gobiernos, empresas y cadenas logísticas no es qué pasó en 2025, sino qué vendrá ahora.
Según datos citados por el veterano de la industria naviera John McCown, los volúmenes globales de contenedores crecieron 2,1 % interanual en octubre, una señal de resiliencia en un entorno hostil. Pero esa cifra esconde un cambio profundo: Estados Unidos registró una caída del 8 % en sus volúmenes de importación, mientras África, Medio Oriente, América Latina e India mostraron crecimientos sólidos consigna Bloomberg.
El comercio no se detuvo. Se movió.
Estados Unidos se repliega, el Sur Global avanza
El contraste con 2024 es notable. Ese año, EE. UU. había registrado un salto del 15,2 % en importaciones contenerizadas. En palabras de McCown, “decir que 2025 será diametralmente opuesto es quedarse corto”. Para el analista, las amenazas arancelarias fueron el principal detonante del redireccionamiento de flujos, obligando a cadenas de suministro completas a adaptarse y reconfigurarse.
Si 2025 fue el año del arancel, advierte McCown, 2026 será el año de las consecuencias.
USMCA: renegociar sin romper
Uno de los primeros focos de tensión será Norteamérica. Estados Unidos, Canadá y México iniciarán la revisión del USMCA, el acuerdo que reemplazó al NAFTA en 2020. Será una revisión inédita: nunca antes un tratado comercial de esta magnitud había sido reabierto tras solo seis años.
La Oficina del Representante Comercial de EE.UU. recibió más de 1.500 comentarios públicos. Muchos apoyan la continuidad del acuerdo, pero casi todos piden cambios. El problema es evidente: cualquier “mejora” para uno de los socios puede implicar pérdidas para otro, en un contexto donde industrias canadienses y mexicanas ya sufren el impacto de los impuestos a la importación. Las relaciones, además, llegan tensas: Washington rompió negociaciones con Canadá en octubre tras una campaña publicitaria antiaranceles.
El Mar Rojo: alivio aparente, riesgo real
En el frente logístico, 2026 podría traer dos shocks que parecen positivos, pero amenazan con desordenar el sistema. El primero es un eventual retorno masivo de los buques al Mar Rojo y al Canal de Suez, tras dos años de desvíos por el Cabo de Buena Esperanza. Los ataques hutíes disminuyeron tras el plan de paz en Gaza, y navieras como CMA CGM y Maersk ya enviaron algunos buques de prueba.
El problema es el efecto rebote. Un retorno completo inyectaría de golpe más capacidad en el mercado, lo que, según Lars Jensen, CEO de Vespucci Maritime, provocaría congestión masiva en los puertos europeos, muy similar a la vivida durante la pandemia.
Demanda, inventarios y un déjà vu logístico
El segundo riesgo es macroeconómico. Si la economía estadounidense acelera en 2026 —impulsada por menor costo del crédito y mayor inversión—, el reabastecimiento de inventarios podría desbordar la capacidad del transporte marítimo. La combinación de más demanda y más buques volviendo a rutas cortas es explosiva: exceso de capacidad en el papel, pero cuellos de botella en la práctica.
Acuerdos frágiles y presión geopolítica
Trump exhibe como logro varios acuerdos comerciales firmados en 2025. Pero no son tratados tradicionales: carecen de mecanismos de cumplimiento sólidos y, en el caso de China, solo existe una tregua de un año, no un acuerdo estructural. Eso deja el sistema expuesto a rupturas rápidas.
Las tensiones ya afloran. China presionó a Malasia y Camboya por sus acuerdos con Washington. Indonesia resistió durante meses antes de aceptar firmar. Incluso el Reino Unido enfrenta nuevas fricciones. Y la Casa Blanca ya advirtió a la Unión Europea sobre posibles represalias por la regulación tecnológica.
La Corte Suprema, el comodín final
El mayor interrogante de cara a 2026 está en la Corte Suprema de EE.UU., que debe decidir sobre la legalidad de los llamados aranceles recíprocos. Los mercados de apuestas asignan un 75% de probabilidad a que Trump pierda el caso. Si eso ocurre, surge una pregunta crítica: ¿habrá devoluciones masivas de aranceles a los importadores?
La respuesta no es clara. El propio Consejo Económico Nacional admitió que un reembolso generalizado sería un caos administrativo. Y si la Corte frena los aranceles, la Casa Blanca aún tendría otras herramientas legales para imponerlos.
El comercio global sobrevivió al año de los aranceles, pero no salió ileso. 2025 fue un punto de inflexión; 2026 será la prueba de resistencia. Entre renegociaciones, rutas que se reabren, acuerdos inestables y tribunales decisivos, el sistema entra en una fase donde la volatilidad deja de ser excepción y se convierte en norma.






