
América y particularmente el Caribe es una de las zonas que ha vivido con mayor dureza los efectos de las restricciones de viajes por la pandemia de la Covid-19, impactando a la actividad turística, uno de los íconos y fuente de ingreso económico de la región.

La baja de visitantes a las atracciones caribeñas fue particularmente evidente durante el período desde abril a mediados de junio, cuando no hubo actividad en algunos de los destinos más frecuentes, lo cual registró una caída de hasta 65,5%.
«La baja del turismo tuvo un impacto negativo en los hoteles y restaurantes, que se muestran vacíos, las atracciones desiertas, las fronteras cerradas, los trabajadores despedidos, las aerolíneas paralizadas y las líneas de cruceros paralizadas«, dicen los expertos.
Se agregó que «efectivamente durante los últimos meses de 2020 hubo un leve acenso de la actividad turística, pero a niveles que aún no llegan a los registrados antes de la pandemia«.
Uno de los mayores problemas es que las líneas de cruceros que recorren las rutas del Caribe siguen sin funcionar debido a una estricta prohibición impuesta por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.
OIT sitúa en 34 millones de empleos perdidos debido a la pandemia sólo en América Latina y el Caribe





