
El buque CMA CGM San Antonio fue alcanzado por un proyectil no identificado durante su tránsito por el corredor, en un ataque que dejó tripulantes heridos y refuerza la señal más incómoda para el mercado: incluso cuando algunos mercantes logran cruzar, la ruta sigue lejos de ser operativamente segura.
La primera confirmación oficial llegó a través del UK Maritime Trade Operations (UKMTO), que emitió una alerta el 5 de mayo informando que un buque de carga había sido impactado por un “proyectil desconocido” dentro del estrecho de Ormuz. El parte no identificó inicialmente a la nave, pero sí dejó claro que se trató de un incidente real en una de las zonas más sensibles del comercio marítimo mundial.
Un día después, se identificó al barco como el CMA CGM San Antonio, de bandera maltesa, y se reportó que el impacto causó daños y dejó tripulantes heridos. La naviera francesa confirmó el incidente y señaló que los marinos lesionados fueron evacuados para recibir atención médica. La nave se dirigía a Mundra, India, cuando fue alcanzada.
El detalle más delicado del caso es que, por ahora, no existe una confirmación pública sólida de que se haya tratado de un misil. La formulación más prudente sigue siendo la del UKMTO: un proyectil no identificado. Ese matiz no es menor, porque en un entorno saturado de versiones cruzadas, la precisión sobre el tipo de arma utilizada puede cambiar por completo la lectura política y operativa del ataque.
El buque habría apagado su AIS antes del cruce y no existe una ubicación pública exacta del momento del impacto. En las fuentes primarias abiertas más sólidas revisadas hasta ahora, ese punto no aparece confirmado de forma concluyente.
Ormuz sigue funcionando bajo condiciones de riesgo extremo, con navegación condicionada, presencia militar y ataques esporádicos contra intereses comerciales. El problema ya no es solo si el estrecho abre o cierra, sino cuánto puede durar una ventana de tránsito antes de volver a quedar contaminada por fuego, escoltas o represalias cruzadas.





